LA CANDELA
Calle Feduchy 3
CÁDIZ
Teléfono: 956221822
Fuimos una noche que no queríamos cenar mucho y decidimos irnos de tapas.
Pues bien, recomiendo que reservéis una mesa porque merece la pena sentarse a degustar la rica cocina de este local.
Es un lugar sin duda para no perdérselo. El local es pequeño, y con muy poquitas mesas, de ahí la importancia de reservar si se quiere comer sentado.

Nosotros no lo hicimos y empezamos a pedir en la barra, ya que la carta es la misma, pero la camarera muy amable nos ofreció una mesa que estaba reservada para más tarde, un detalle que no suelen hacer en otros sitios y que hablando con el cliente y explicándole que debe dejar la mesa pronto, si este está de acuerdo, consigues tenerle más contento. Porque, además, en este sitio merece la pena sentarse, ya que más que tapas son platos, que por su creatividad y original presentación, podrían estar en cualquier restaurante de mayor formalidad y es recomendable degustarlos tranquilamente, mientras se observa la decoración del restaurante que en si misma merece la visita, una máquina de coser, un molinillo de café, cuadros, tazas, cafeteras, teteras y un sinfín de cachivaches mezcla vintage e informal.
Las presentaciones d
e los platos son también dignas de mención, postres servidos en tarros de mermelada o cafeteras italianas, primeros y segundos en tablas o pizarras rasgadas o partidas, con ese exquisito toque del cuidado del producto original siempre.

Recomendables los raviolis de pato exquisitos. El pulpo insuperable y los postres solo probamos el sorbete de mojito y un pastel de chocolate, pero estoy segura, por lo que vi, que el resto de la carta está al mismo nivel. Y todo ello acompañado de una ensalada, vinos y café por 50 euros.
Sin duda es un lugar para no perdérselo y a un precio insuperable.




e camarones, quizás lo peor de la noche, no estaban a la altura, y después unos pescados, Dorada de estero a la espalda con refrito de verduritas y mariscos, y Atún con verduritas, salsa asiática y fideos chinos, que estos si estaban estupendos. Todo ello a un precio más que razonable.








as debe haber poca gente que no conozca esta preciosa villa medieval de Segovia, declarada conjunto histórico en 1951, amurallada toda ella y cuya única entrada y salida es La Puerta de la Villa. Son famosos sus asados de cordero y cochinillo, el Concierto de las Velas, que se celebra el primer y segundo sábado de Julio todos los años, su castillo, que actualmente expone obras de Ignacio Zuloaga que lo compró y lo convirtió en su taller. Su cárcel en cuya visita guiada, se cuentan usos y costumbres de la época con respecto a la curiosa política penitenciaria. Sin olvidar su Plaza Porticada lugar de encuentro y tapeo.




El detalle estuvo divertido, pero nos cobraron 44 euros por la cestita y nos pareció un poco excesivo, teniendo en cuenta que el fallo había sido suyo.
a en la entrada del restaurante junto a la puerta de entrada y frente a la barra. Pues bien este detalle fue el que nos molestó durante toda la cena, porque no sólo es que estés junto a la barra, sino que, además ofrecen servicio de bebidas en ella, con lo cual a escasos 20 centímetros y a la altura de tu cabeza, puedes tener, como era nuestro caso, a una pareja sentada en taburetes altos viéndoles literalmente la ropa interior o que el zapato te quede a la altura de la cara, eso sin contar que en el caso de la mesa que estaba en nuestro mismo plano al otro lado de la puerta del local con otra pareja sentada, lo que les acompañaba en la barra era un grupo de amigas, que estuvieron prácticamente toda la cena tomando unas bebidas y hablando a gritos, lo cual no creo que crease el mejor ambiente para un local decorado a modo de bistró francés, muy bonito, romántico y lleno de detalles, que probablemente, si hubiésemos estado en una mesa del interior, la cena hubiese sido diferente, porque la comida realmente está muy bien.

lato de merluza casi entero, cuando ya había pedido el postre y mi marido había terminado, se ofrecieron a ponerme alguna media ración de otra cosa, sin preguntar qué había pasado, si me había gustado, lo que era obvio que no. Decliné la invitación. Eso sí, nos invitaron a un café.