BALANDRO
Alameda Apodaca, 22,
CÁDIZ
Telefono 956220992
El restaurante Balandro es otro de los que llevan en Cádiz más de veinte años. Pertenece a una empresa familiar que tiene otros establecimientos, y que empezó de manera tradicional, pero que se ha ido modernizando a lo largo de estos años.

Está situado al lado de los preciosos jardines de La Alameda, donde se alternan elementos vegetales, como su famoso ficus centenario, con azulejos, elementos de forja, calles empedradas de losas con dibujos geométricos, columnas, balaustradas, todo ello combinado de manera tan perfecta que invita a pasear por ellos.

Cómo fuimos sin reserva, nos acomodaron en una mesa del Salón Principal que está en la planta de calle, al lado de la barra. Tiene otros dos salones más, el de la planta inferior, Salón Alameda, dedicado más a celebraciones y el de la planta superior, Salón Apodaca, un poco más intimo. Probablemente este último sea más recomendable si se hace una reserva, ya que en el Principal, al tener la barra cerca, que está llena todos los días, se pierde un poco de intimidad.
Aún así estuvimos en una mesa perfecta junto a la cristalera que da al parque, muy bien atendidos por un servicio muy amable.
Picamos unas tortillitas d
e camarones, quizás lo peor de la noche, no estaban a la altura, y después unos pescados, Dorada de estero a la espalda con refrito de verduritas y mariscos, y Atún con verduritas, salsa asiática y fideos chinos, que estos si estaban estupendos. Todo ello a un precio más que razonable.
Y como remate el paseo de vuelta al hotel por La Alameda, que repetimos varias noches, por lo agradable que resulta después de una buena cena.




as debe haber poca gente que no conozca esta preciosa villa medieval de Segovia, declarada conjunto histórico en 1951, amurallada toda ella y cuya única entrada y salida es La Puerta de la Villa. Son famosos sus asados de cordero y cochinillo, el Concierto de las Velas, que se celebra el primer y segundo sábado de Julio todos los años, su castillo, que actualmente expone obras de Ignacio Zuloaga que lo compró y lo convirtió en su taller. Su cárcel en cuya visita guiada, se cuentan usos y costumbres de la época con respecto a la curiosa política penitenciaria. Sin olvidar su Plaza Porticada lugar de encuentro y tapeo.


a en la entrada del restaurante junto a la puerta de entrada y frente a la barra. Pues bien este detalle fue el que nos molestó durante toda la cena, porque no sólo es que estés junto a la barra, sino que, además ofrecen servicio de bebidas en ella, con lo cual a escasos 20 centímetros y a la altura de tu cabeza, puedes tener, como era nuestro caso, a una pareja sentada en taburetes altos viéndoles literalmente la ropa interior o que el zapato te quede a la altura de la cara, eso sin contar que en el caso de la mesa que estaba en nuestro mismo plano al otro lado de la puerta del local con otra pareja sentada, lo que les acompañaba en la barra era un grupo de amigas, que estuvieron prácticamente toda la cena tomando unas bebidas y hablando a gritos, lo cual no creo que crease el mejor ambiente para un local decorado a modo de bistró francés, muy bonito, romántico y lleno de detalles, que probablemente, si hubiésemos estado en una mesa del interior, la cena hubiese sido diferente, porque la comida realmente está muy bien.

lato de merluza casi entero, cuando ya había pedido el postre y mi marido había terminado, se ofrecieron a ponerme alguna media ración de otra cosa, sin preguntar qué había pasado, si me había gustado, lo que era obvio que no. Decliné la invitación. Eso sí, nos invitaron a un café.









