Un riojano con encanto. Restaurante Algarabía

ALGARABÍA

Calle de la Unión, 8
MADRID
Teléfono: 915 42 41 31

Algarabía, desde luego no te deja indiferente. No solo es un restaurante intimo, pequeño y romántico, sino que, una vez que te sientas a la mesa, te sientes como si unos amigos, en este caso amigas, te hubiesen invitado a cenar. Y es que, Isabel en la sala y Pilar en la cocina, llevan el negocio como si de un apéndice de su casa se tratase.

Situado en pleno centro de Madrid, en la preciosa zona próxima al Teatro Real, en una calle discreta, un local con pocas mesas, decorado de forma clásica con un toque muy personal, adornado con flores y plantas y un montón de detalles repartidos aquí y allá, y alguna pequeña exposición o mercadillo temporal.

Resulta un lugar muy acogedor, donde puedes pasar una velada tranquila y hacer una sobremesa en pareja o con amigos, sin prisas.

Aunque Isabel no te ofrezca la carta de vinos, porque su espíritu riojano la lleva a recomendarte, muy acertadamente, un caldo que será excepcional, merece la pena pedírsela, porque el libro en sí es una obra de arte.

Su cocina es típicamente riojana, con esos platos tradicionales a los que Pilar les da su impronta personal y su mimo particular, con buen producto y raciones generosas.

Para empezar, nos pusieron de aperitivo una fantástica Brandada de bacalao con una salsa de tomate y almendra, exquisito.

Seguimos con unos Trigueros crujientes, una especialidad de la casa, que no os podéis perder. A la exquisita materia prima, suma la manera que tiene Pilar de prepararlos, envueltos en una masa brie y acompañados de salsa romescu.

No podíamos dejar de probar sus clásicas Croquetas, nunca fallan

Uno de mis favoritos El bacalao a la riojana del que no dejé ni las huellas, espectacular

Sorprendente el Patorrillo, un plato típico de la cocina de La Rioja, guiso de manos y callos de cordero, una elaboración que es bastante laboriosa.

De postres, una original Crema fría al caramelo, receta personal de Pilar, el secreto mejor guardado, según su hermana Isabel, a caballo entre las natillas y el flan sin ser ninguna de las dos cosas, muy rica.

Y no podía faltar la Lamina crujiente de chocolate y frambuesa, delicioso.

Todo ello acompañado, como no podía ser de otra manera por un Rioja recomendado, un Tarón crianza que maridó perfectamente con el menú.

En resumen, una experiencia para vivirla en primera persona y repetir siempre que se pueda.

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