MAMÁ CHICÓ
Recoletos, 10
MADRID
Si vas por la calle Recoletos, no te quedarás con hambre, seguro. Alberga un buen número de restaurantes, algunos emblemáticos que llevan ahí toda la vida, otros dejaron su huella, nombres como El Borbollón, El Mumbai Massala, La Cesta… han dado paso a otras ofertas gastronómicas.
Aquí, para continuar con su éxito en tierras gallegas, ha emplazado su local Mamá Chicó. Lo primero que llama la atención es su coqueta terraza en el porche del local.
Es algo característico en todo el restaurante: las plantas, las de verdad y los estampados en las sillas o como detalle en el baño.
La decoración interior es una mezcla de jardín invernadero con un toque afrancesado en el mobiliario.
Ese banco corrido típico de los bistró o la combinación de la forja con la madera y las plantas y flores que dan un toque fresco al ambiente. Estuve por la noche una vez y me pareció muy oscuro. Esta vez de día, la luz que le proporciona sus grandes ventanales, le da esa alegría y optimismo que desprende el local.
Destaca en el centro de la sala un pequeño obrador acristalado. Chicó Bakery donde se pueden ver las tartas y panes caseros, que elaboran allí mismo.
Al igual que la decoración, la cocina también es una mezcla. Es sabido que la cocina argentina tiene muchas influencias italianas. Pues bien aquí tenemos que sumar sus influencias gallegas, como no, y además, esta última es la tierra en donde empezaron su andadura gastronómica con cinco locales en esa comunidad.
Raíces argentinas con las que homenajean a la madre de los dueños, de quien toman su nombre, Rafaela Susana Fasanella, apodada Mamá Chicó. Cocina tradicional pues, proveniente de viejos artesanos panaderos que han desarrollado su saber hacer primero en Galicia y ahora en Madrid.
Así una de sus especialidades como no podía ser de otra manera son sus pizzas, pero ojo no son nada corrientes. Para empezar son ovaladas o rectangulares y pueden ser también de masa negra elaborada con carbón vegetal, muy finas y deliciosas.
Probamos la de boletus, trufa con ricotta, lascas de parmesano y rúcula, buenísima.
De entrante un Tartar de atún marinado con aguacate, mango y mayonesa de ají amarillo, impresionante
.
Y el postre como no podía ser menos:
Apple crumble pie (tarta de manzana sobre base de masa sablée cubierto de crumble con almendra y un toque de canela, servida caliente con helado), superior.
También son muy recomendables sus pastas, como las que probé en otra ocasión, los Fettuccinis salteados con boletus y zamburiñas o Pappardelle al ragu de jabali y queso parmesano.
Acompañado de un pan elaborado allí mismo con tomatitos cherry y aceitunas blanco o negro.
Una atención profesional y cálida hizo que se nos pasase el tiempo volando, disfrutando de una agradable comida.
Tienen un horario muy amplio que incluye el Brunch y la merienda.
Sin duda volveré a probar más platos que estoy convencida estarán a la altura y no me puedo perder. Un lugar para tener en la agenda.