FERRETERÍA
Calle de Atocha, 57
MADRID
Teléfono: 914 29 73 61
Si hay algún sitio en Madrid donde el local cobre tanta o más importancia que la cocina, este es sin lugar a duda Ferretería. Solo por ver lo que se ha hecho con este local merece la visita.


Yo que he vivido en el barrio, recuerdo esa vieja ferretería donde podías encontrar cualquier tipo de herramienta o tornillo.
Abierta en 1888 y pasado el negocio de generación en generación, hasta 2015, la actual dueña del restaurante, María Antonia Escapa, coleccionista de arte, vislumbró la manera de transformar el local en un restaurante.
Conservando su esencia, el valor histórico del edificio, pues se asienta en lo que fue parte de un conjunto de edificios donde estaba el Real Colegio de Huérfanas de Loreto construido en el siglo XVI, y convirtiéndolo en un mini museo donde a la vez que disfrutas de su cocina, puedes contemplar esculturas de Chillida, obras de Antonio López o Salvador Dalí entre otros.


El local se divide en dos ambientes diferenciados. El llamado Leña-Bar justo lo primero que te encuentras al entrar y que conserva la estructura original donde se asentaba la tienda, los muebles típicos de la ferretería, el suelo original restaurado y las originales cajoneras con herramientas que decoran la pared. Super original, e impactante.
Aquí en un ambiente más informal, con mesas altas y mostrador, se puede también degustar la carta del restaurante


Debajo en el sótano es donde ya acabas de alucinar. Una estructura abovedada de ladrillo visto con cinco salas sabiamente divididas por mesas de distinta ocupación, de forma que no es lo mismo si vas en pareja, con amigos, etc. Creando ambientes diferentes dentro del mismo espacio.
Y aquí es donde los detalles inundan el espacio. Todo es increíble. Obras de arte contemporáneo en las paredes, esculturas, piezas únicas maravillosas.






Y a esto le unimos las originales mesas cuya tapa de cristal esconde multitud de objetos de todo tipo, pequeños tornillos, marcos de fotos, ceniceros antiguos, arandelas, muelles, alcayatas un sinfín de piezas originales. Bonitos salvamanteles, vajilla y cristalería completan un conjunto que te recibe antes de leer la carta.



Bueno, pero a lo que venimos es a comer, y aquí también se disfruta de una buena cocina. De base tradicional, con algún toque personal y una buena presentación, tienen unos bocados individuales y raciones para compartir y platos de cuchara o carnes y pescados.
Nos decantamos por un bocado individual
Buñuelo de morcilla con mermelada de pera. Exquisito y altamente recomendable.


Compartimos una extraordinaria Ensaladilla rusa con almejas concha fina y espuma de mahonesa

De segundos optamos por pescado
Bacalao confitado al pil pil con pimiento asado


Y un fantástico Rodaballo a la beurre blanc con caviar y patatas confitadas
Para mi gusto lo más reseñable fueron los postres y remataron con creces una velada muy agradable.
Madrid es violeta, crema de violeta y arándanos, mouse de chocolate negro, gel de frambuesa, bizcocho de frambuesa y helado de violeta.
Tiramisú de chocolate y pistacho, bizcocho de cacao, merengue de cacao, praliné de pistacho, mousse de queso y amaretto, ganache de café y caramelo y helado de pistacho
El servicio atento y correcto en todo momento.
En definitiva, es un lugar no solo para comer, es un lujo para los sentidos por su original decoración y la cantidad de detalles y obras de arte que se puede contemplar. Una experiencia que pienso repetir, pues me queda mucha carta por probar.

